Lo que como para tener energía (y lo que dejé de comer hace tiempo)
Antes de entrar en detalle, una advertencia más importante que cualquier otra cosa de este artículo: lo que a mí me funciona no tiene por qué funcionarte a ti. Cada cuerpo es distinto, cada historial médico es distinto. Yo no soy médico ni nutricionista. Soy alguien que lleva años prestando atención a cómo le sienta cada cosa.
Si tienes alguna patología, alguna intolerancia, algún tema digestivo o cualquier condición que requiera supervisión médica, lo primero es hablar con tu médico o con un nutricionista antes de cambiar nada. Dicho esto, te cuento cómo como yo y por qué.
No sigo ninguna dieta con nombre
No soy carnívoro, no soy vegano, no soy paleo, no cuento macros con báscula en mano. Llevo tiempo desconfiando de las dietas que vienen con manual de instrucciones cerrado, porque casi siempre acaban siendo más una identidad que una herramienta.
Como alimentos reales, evito lo que sé que me sienta mal, y presto atención a cómo me siento después de cada comida.
Esa atención, mantenida durante años, me ha dado más información que cualquier dieta de moda que haya probado.
Lo que como con regularidad
Proteína, verdura variada y grasas de calidad son la base de casi todo lo que come en mi casa.
- Proteína en cada comida. Huevos, carne, pescado. Me mantiene saciado y evita los bajones de energía.
- Verdura, mucha y variada. Brócoli, espinacas, calabacín, pimientos según la temporada.
- Grasas de calidad. Aceite de oliva virgen extra, aguacate, frutos secos.
- Carbohidratos con cabeza. No los elimino, los ajusto según si voy a entrenar fuerte o el día va a ser más sedentario.
- Fruta entera, no zumos. La fibra ralentiza la absorción del azúcar; el zumo dispara la glucosa.
Esto lo comprobé yo mismo con el sensor de glucosa que uso, y la diferencia entre comer una naranja y beber su zumo es mucho mayor de lo que parece.
Lo que evito
- Ultraprocesados. Snacks envasados, bollería industrial, platos preparados cargados de aditivos.
- Azúcar añadido. No vivo con pánico al azúcar, pero evito el que se esconde en salsas, panes y bebidas.
- Grasas trans y aceites de mala calidad. No toda grasa es igual, y las industriales no son las que quiero en mi cuerpo.
- Alcohol entre semana. Con el Oura veo que una copa baja mi HRV de forma medible al día siguiente.
- Comer sin hambre real. Distinguir el hambre real de comer por aburrimiento o estrés.
Lo que noto cuando como bien y cuando como mal
Cuando una comida está bien construida, con proteína, verdura y grasa de calidad, la energía después es estable. No hay ese bajón de sueño post comida que mucha gente da por normal y que en realidad es una señal de que algo en esa comida no estaba bien equilibrado.
Cuando como algo muy procesado o muy cargado de azúcar, lo noto en menos de una hora. Energía que sube rápido y baja igual de rápido, niebla mental, ganas de tumbarme. No es una sensación sutil, es bastante evidente una vez que empiezas a prestarle atención.
Esa diferencia, repetida cientos de veces a lo largo de los años, es la que más ha moldeado cómo como hoy. No fue una decisión teórica leída en un libro. Fue ir acumulando evidencia personal hasta que el patrón se hizo imposible de ignorar.
Lo más importante de todo
- No hay una dieta perfecta universal. Hay alimentación que funciona para tu cuerpo, tu actividad y tu vida real.
- Esto me funciona a mí. Eso no lo convierte en la respuesta correcta para ti.
- Hazle caso a tu cuerpo y, si hace falta, a un profesional.
Comer bien no es seguir una norma. Es prestar atención.