Cómo es mi día a día: horarios, comidas, entrenamiento y todo lo que hay en medio
Me preguntan mucho cómo organizo el día. No solo la mañana, sino todo. La respuesta honesta es que no todos los días son iguales. Pero hay una estructura base que se repite la mayoría de los días y que con el tiempo se ha convertido en algo automático. No en algo rígido, sino en un marco dentro del cual me muevo con bastante flexibilidad.
6:00El arranque
Me levanto entre las seis y las seis y media. Lo primero es un vaso de agua y cinco minutos de luz natural en el balcón. Después veinte minutos de estiramientos y movilidad, ducha fría al final, y el café preparado con calma antes de las siete.
Entre las siete y cuarto y las diez y media es mi bloque de trabajo profundo. Sin interrupciones, sin correos, sin móvil. El trabajo que requiere más foco va aquí, cuando el cerebro está en su mejor momento del día.
12:00La primera comida
Aquí rompo el ayuno. Llevo varios años con una ventana de alimentación de unas dieciséis horas, lo que significa que la primera comida del día llega al mediodía.
Cuando como a las doce tengo más hambre real y más ganas de comer bien que cuando desayunaba a las ocho por inercia.
La comida del mediodía es la más grande del día. Proteína como base, casi siempre. Huevos, carne, pescado. Verdura. Algo de carbohidrato si el día va a ser activo. Sin procesados, sin prisa, sentado.
No sigo una dieta con nombre. No cuento calorías ni macros de forma obsesiva. Lo que intento es que lo que como tenga sentido: alimentos reales, preparados en casa siempre que puedo, en cantidades que me dejen con energía y no con sueño.
13:00La tarde de trabajo
Después de comer vuelvo al trabajo, pero con un tipo de tareas diferente. Correos, reuniones, llamadas, tareas administrativas. Todo lo que no requiere el nivel de concentración máxima va aquí.
El cerebro después de comer no está en su mejor momento para el trabajo creativo o analítico. Intentar forzarlo es perder el tiempo. Así que en lugar de luchar contra eso, lo acepto y organizo el día en consecuencia.
Sobre las cuatro o cuatro y media hago una segunda pausa. A veces una caminata corta, a veces simplemente salir al balcón diez minutos. Ese reset de media tarde marca la diferencia entre llegar al entrenamiento con energía o llegar agotado.
17:00El entrenamiento
Esta es la parte del día que más protejo. Puede moverse, puede adelantarse o retrasarse según cómo esté el trabajo, pero desaparece muy pocas veces.
Alterno entre crossfit y gimnasio según el día y cómo esté el cuerpo. El crossfit me da intensidad, variedad y el componente competitivo que me activa. El gimnasio me da control, me permite trabajar grupos musculares específicos y llevar el ritmo que necesito ese día.
- Hay días que el cuerpo pide intensidad y lo doy todo.
- Hay días que el cuerpo está cargado o el sueño ha sido peor y bajo el ritmo sin culpa.
- Desde que uso el Oura Ring tengo datos concretos que me ayudan a tomar esa decisión de forma más objetiva.
El entrenamiento dura entre una hora y una hora y cuarto. Sin más. La calidad importa más que el tiempo que pasas en el box o en el gimnasio.
19:00La vuelta a casa y la transición
Llego a casa, me ducho y hago una transición consciente entre el modo entrenamiento y el modo tarde. Si paso directamente del gimnasio al ordenador o al móvil sin parar, el sistema nervioso no baja del estado de activación y la noche empieza mal antes de empezar.
Lo que suelo hacer es preparar algo para cenar con calma, escuchar algo que no me exija demasiado, ordenar un poco el espacio. Cosas manuales y tranquilas que van bajando el ritmo de forma natural.
20:00La cena
Ceno sobre las ocho, ocho y media como muy tarde. La cena es ligera comparada con la comida del mediodía. Proteína, verdura, algo fácil de digerir. Evito los carbohidratos pesados por la noche porque me afectan al sueño.
Sin alcohol entre semana. Una copa de vino baja mi HRV de forma medible al día siguiente. Con ese dato delante es difícil engañarse.
21:00La desconexión gradual
A partir de las nueve empieza la transición hacia la noche. Luz roja encendida, pantallas fuera o con gafas de bloqueo de luz azul, y el ritmo de la tarde bajando hasta casi detenerse.
Leo. En papel, no en pantalla. Sin noticias, sin redes, sin nada que active el modo problema a resolver. Es el momento más tranquilo del día y con el tiempo se ha convertido en uno de los que más valoro.
22:30A dormir
Me acuesto entre las diez y media y las once. Dormitorio a oscuras, temperatura entre dieciséis y diecinueve grados, móvil fuera de la habitación.
El objetivo son siete horas y media u ocho horas de sueño. Los datos de mi anillo me han ayudado a entender cuánto necesito yo específicamente para despertarme con un buen nivel de recuperación al día siguiente.
Lo que no aparece en el horario
- El agua. Bebo mucho, con una botella siempre cerca. Filtrada con el ZeroWater.
- El sol. Siempre que puedo busco momentos al aire libre durante el día.
- El silencio. Momentos deliberados sin música, sin podcast, sin nada. El cerebro necesita tiempo sin estímulos para procesar y descansar.
La pregunta que me hacen siempre
¿No es demasiado? ¿No es agotador vivir así?
La respuesta es no. Lo que describo aquí no es el resultado de empezar todo a la vez. Es el resultado de años añadiendo cosas de una en una, probando, quedándome con lo que funciona y dejando lo que no. Hoy lo hago sin pensar porque está integrado.
- 6:00 — Levantarse, agua, luz natural, movilidad, ducha fría.
- 7:15 — Bloque de trabajo profundo sin interrupciones.
- 12:00 — Primera comida. Proteína, verdura, sin procesados.
- 13:00 — Tareas administrativas, reuniones, correos.
- 17:00 — Entrenamiento. Crossfit o gimnasio según el cuerpo.
- 20:00 — Cena ligera. Sin alcohol entre semana.
- 21:00 — Desconexión gradual. Luz roja, lectura en papel.
- 22:30 — A dormir. Oscuridad total, fresco.
Y el resultado es que tengo más energía, más claridad y me siento mejor con 38 años que con 25. Eso es lo que me hace seguir.